Barbos vs Carpas.



Visitamos un nuevo embalse, en esta ocasión salgo con mi compañero Jesús y como cada vez que se visita un escenario en el que nunca se ha pescado, sentimos un “hormigueo” especial.



Como es costumbre, paramos en el primer puente que cruzamos asomándonos nerviosamente a las aguas del embalse y claro, los puentes no fallan…
¡Barbo! Le grito a Jesús, un buen ejemplar comiendo cerca de los pilares nos saluda con un coletazo nada más vernos, y son varios más los que podemos localizar, esto es un buen indicativo de que aquí hay barbos y nos provoca un buen subidón de moral.
Nos pertrechamos con todo el equipo, elegimos la orilla a pescar según la orientación del sol y empezamos a caminar siempre atentos a las aguas.
La luz aún esta baja y no se ve lo que hay por las orillas, por eso hay que vigilar cualquier señal que nos indique donde hay un pez, empiezo a “oler” que tenemos barbos cerca, lanzo al primero pero no hace caso de mi mosca, es el turno de mi compañero que rápidamente hace cantar su carrete, un bonito ejemplar posa para la foto capturado con una cherno.



Según el sol va calentando los peces se animan y las capturas se suceden, gradualmente vemos como tanto barbos como carpas comienzan a ponerse frenéticos a cazar en superficie, las cebas son brutales y hasta las carpas muestran una agresividad anormal.





Algo ocurre en la superficie del agua, ¿tal vez eclosión de algún díptero?, pero las cebas son demasiado violentas, en diez metros cuadrados pueden verse docenas de peces corriendo como locomotoras mostrando una actividad anómala.
Y de repente lo vemos…algo que nunca en todos los años que llevo pescando barbos había podido contemplar.
Una increíble cantidad de escarabajos negros de pequeño tamaño (1cm), estaban cayendo al agua por culpa del viento, incluso los teníamos por la ropa.
Rápidamente rescatamos del fondo de nuestras cajas los olvidados escarabajos y los ataques son fulminantes, cada uno con su imitación no paramos de coger barbos, incluso las carpas les roban literalmente nuestras moscas a los barbos, sin ser a priori nuestra intención también empezamos a sacarlas, saliendo alguna bastante buena que pone a prueba nuestras cañas, incluso al quitarles la mosca cuando iban a picar la perseguían como si de lucios se tratase.




En fin una jornada para recordar con algo más de cincuenta capturas y un buen sabor de boca tras semejante atracón, solo falto algún barbo de gran porte siendo la mayoría de unos 40 cm, aunque salieron cuatro o cinco sobre los 50.




Seguramente volveremos para investigar nuevas zonas, pues aquí hay tela que cortar…

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