De pesca por el Sahara.




Es la forma más descriptiva que se me ocurre para plasmar la sensación que tuvimos en nuestra última jornada tras los comizos , como en pleno Sahara .
En poco más de media hora la temperatura subió unos 10 grados, el tiempo que tardamos en prepararnos para pescar y en recoger una sandia que un buen hombre nos quiso regalar de su huerto, y es que la amabilidad que se encuentra uno cuando se aleja de las grandes ciudades se antoja cuanto menos extraña en la vorágine del día a día.



Comenzamos la pesca y ya se prevé una jornada complicada al ver el color que muestran las aguas, totalmente verdes en las reculas protegidas del viento, no es una buena señal, pues por la experiencia sabemos que esto suele alejar los barbos de las orillas que cambian sus hábitos para alimentarse a unos metros de estas amen de la dificultad para localizarlos.
En un primer lance consigo clavar un buen aparato que raramente en su potente carrera hacia un árbol sumergido me dobla el anzuelo como si fuese un alambre, cosa que no me ocurre casi nunca ya que siempre utilizo anzuelos extrafuertes, quizá se debió a que estaba dañado por causa del torno, quien sabe…
Gracias a las camell bag y a que en estas incursiones vamos provistos de bañador la jornada se hace más llevadera y poco a poco los barbos dan la cara, están muy duros pero alguno vamos sacando, tanto comizos como comunes se dejan ver, no así los beceros que a veces sacamos en la zona, en próximas entradas ahondare sobre la pesca de esta especie en embalses, pues difiere en algo con respecto a otras especies.





A media mañana decidimos cambiar de zona pues el verde de las aguas se hace cada vez más intenso, nos desplazamos a aguas más abiertas esperando encontrarlas en mejores condiciones, pero no es así y volvemos a encontrarnos con las malditas algas, aun así no desistimos y seguimos la con la pesca y algún barbo mas va saliendo.





Las paradas a la sombra de las encinas se hacen necesarias así como una buena hidratación si no queremos tener un buen susto, y aunque no parezca cierto podemos tenerlo cuando las temperaturas son extremas, pudimos vivirlo en propias carnes hace un par de temporadas…



Como curiosidad decir que nos encontramos arañas de tamaño considerable por todas las orillas, en cualquier rama habia telarañas bastante grandes,terminamos con las cañas y ropa llenas de hilos de estas amiguitas, incluso nos corrian por encima.



Tristemente los grandes a los que nos tiene acostumbrados este lugar no dan la cara, pero con perseverancia y no dejándose llevar por las adversidades se consigue transformar lo que podría ser un mal día en algo “pasable”.
Hace un par de meses nos dimos algún buen atracón de pesca en este mismo lugar capturando alguna pieza de record, pero está claro que si las condiciones son difíciles no todos los días son fiesta, aun así nos marchamos con un buen sabor de boca pues algunos hemos sacado, el viaje, las paraditas a tomar algo, el almuerzo bajo una encina y la compañía de un buen amigo hacen que cada pez valga por tres.

1 comentarios:

  1. Acabo de descubrir este blog y me ha sorprendido gratamente.
    Estoy de acuerdo en que la gente "de pueblo" suele ser más amable que la de la gran ciudad y una sandía en un día como ese, es de gran ayuda para hidratarse.
    Las paradas a la sombra también son necesarias y eso que por Galicia no hace el calor que teneis por ahí, pero cuando aprieta de verdad, uno se puede llevar un susto.
    Un saludo

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