Barbos y hormigas.



En todos los años que llevo tras los barbos casi nunca me había encontrado con las famosas hormigas de ala, y a principios del mes de Octubre pude vivir este fenómeno en las aguas de un embalse de Madrid.

Al principio me plantee la jornada para la investigación y hacer un poco “el cabra” por las rocosas paredes de un embalse al que nunca había ido, para después acercarme a una alejada zona de otro situado aguas arriba.

Subí varias montañas para encontrarme con el embalse de nuevo e ir prospectando las aguas parándome en las zonas querenciosas en busca de nuestros amigos bigotudos, pudiendo disfrutar de las maravillosas vistas del castillo de Buitrago construido en el siglo XV sobre una anterior fortaleza musulmana, encajado en los antiguos cañones del rio… ¡a saber los barbos que habrá visto pasar!




Tras varias horas de pelear con las pendientes y buscar peces en sus aguas decidí ir al segundo lugar pues no parecía que hubiese nada en sus aguas, aun así regresare pues no me gusta descartar un lugar hasta que no lo visito varias veces.

Al llegar a la zona de pesca me encontré con lo anteriormente descrito, las hormigas caían al agua poco a poco, sin ser una plaga, lo que es mejor para nosotros pues el momento álgido debió pasar posiblemente el día anterior y los peces siguen activos, pero no en una situación frenética en la que no diferenciarían nuestra mosca de las verdaderas por estar el agua atestada de hormigas.

Los barbos salían continuamente llegando a clavarse solos ante la caída de cualquier cosa negra desde el cielo, haciendo la mañana muy amena y causando que las horas se pasaran sin darme cuenta.






Sacar peces pequeños (que son legión en este embalse) no está del todo mal sobre todo si se cuentan por docenas, pero en ocasiones el cuerpo pide más y la idea de sacar un buen animal va cobrando forma en mi cabeza mientras me alejo de las orillas del embalse para correr por el monte en dirección a una zona de rocas bastante alejada de los caminos, en la que presentía por mis anteriores visitas, se podía esconder algún animal de buen porte.

Tras llegar a la zona elegida y encontrar un muro que entraba al agua en una pequeña playa enclavada entre dos paredes de roca (la zona ideal para mis propósitos), me senté intentado esconderme y buscando una buena visibilidad dispuesto a esperar lo que hiciera falta.

Tras unos 20 minutos y dejando pasar a un barbo pequeño (difícil, pero necesario si se quiere sacar serio), apareció…un buen barbo al que lanzarle la mosca.
Hormiga es su camino, la mira, abre la boca, baja de nuevo…un segundo de espera y…zas!


Un barbo bastante bueno para este embalse posa para la foto y vuelve al agua a seguir creciendo, yo por mi parte no volveré a buscarlo hasta la próxima temporada, ni yo, ni nadie pues son aguas con fecha de cierre, pero espero que nos volvamos a ver.

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